Nací en Medellín, Colombia. Desde muy joven me apasionó entender cómo funciona la mente humana, leí libros de desarrollo personal desde la adolescencia, buscando respuestas que el mundo de afuera no me daba.
Estudié lo que se suponía que debía estudiar, construí lo que se suponía que debía construir. Y llegué al momento en que lo tenía todo, y me di cuenta de que seguía sintiéndome profundamente vacía por dentro.
Ahí se derrumbó todo. Y desde ahí, con mucho miedo e inseguridades, muy despacio y con muchas caídas en el camino, empezó mi verdadera búsqueda.
Terapias, formaciones, procesos de todo tipo. La psicología transpersonal me abrió una puerta. La bioneuroemoción me mostró el origen. El análisis junguiano, al que llevo más de 6 años, me dio un espejo donde por fin pude verme con honestidad.
Y el entrenamiento cerebral me enseñó algo que lo cambió todo: que los patrones emocionales tienen un correlato exacto en el cerebro. Y los caminos neuronales se pueden transformar.
Hace varios años vine a vivir a los Países Bajos. Y esa distancia de todo lo conocido amplificó algo que yo ya sentía pero no había podido ver con claridad: que muchas de mis decisiones, en el amor, en la vida, venían del miedo y no de mi valor.
Fue incómodo reconocerlo. Y fue lo más liberador que me ha pasado.
"Hoy me siento bien conmigo misma, con pareja o sin ella, acompañada o sola. No porque llegué a algún destino final, sino porque aprendí a ser mi propio hogar. Y quiero enseñarte a hacer lo mismo."
El dolor de sentirte perdida en tus propias decisiones. De preguntarte qué hay de malo en ti. De llenarte el vacío con lo que sea para no sentirte sola otra vez.
Ese dolor tiene origen. Y cuando lo entiendes, cambia todo. No de inmediato, pero cambia.
No hablo desde un pedestal. Hablo desde mi camino. Desde haberlo vivido, entendido y transformado.
El primer paso es una conversación.
Sin compromiso, sin presión. Solo hablamos.